El encuentro comenzó en el puente de Soacha, al rededor de las ocho y media de la mañana. Subimos a los respectivos buses y nos dirigimos hacia el templo. Fue un recorrido de, aproximadamente, veinticinco minutos.
Al llegar, se ve un lugar sin puertas pero con una entrada maravillosa. El templo Varsana es un jardín ecológico de inspiración hindú en el que la comunidad khrisna constituyó su santuario en Colombia, dentro de un ambiente de no violencia, alimentación saludable y meditación asistida.
Durante el tiempo que estuve allí pude sentir tranquilidad. La comunidad establece conexiones muy fuertes con la naturaleza, por ejemplo, la mayoría de alimentos que allí se consumen son de su propia cosecha. Todo, obviamente, orgánico.
Está el Samadhi de Srila Harijan Swami, las casas de huéspedes y el gran salón de eventos con su escenario profesional para las festividades; los hermosos jardines rodean el templo que se construyó inicialmente y que fue decorado al estilo de la arquitectura Rajastani. Detrás una gigante cocina para todos los festivales, pues hasta 1000 personas se alimentan allí cuando hay días sagrados. Encima de la cocina esta situada la Galería de Arte Consciente y el salón de Yoga y eventos, para los grupos de yoga inbound que vienen a visitar con mucha frecuencia. La huerta orgánica y el hermoso bosque de árboles de especies nativas crean un ambiente propicio.
Se realizó un recorrido por la finca, de siete hectáreas, y por el bosque. El lugar, lleno de construcciones y figuras: los pasatiempos de Krishna. Pasamos por un templo de meditación y llegamos a otro espacio destinado al arte.
En el corazón de la finca está a construcción del yoga planetario, con la construcción de 18 templos, representando todos los niveles de conciencia y dimensiones de la cosmología védica.
Este lugar fue declarado patrimonio arquitectónico de la región de Sumapaz. Caminamos hacia un bosque que parece el escenario de un cuento de hadas; pero en realidad es un lugar en el cual uno se encuentra con los obstáculos, llamados así por ellos mismos. Son figuras animales gigantescas esculpidas en piedra por el devoto Radha, quien tardó cinco años en esa labor. Son siete en total y cada obra es un animal que simboliza un "obstáculo para el espíritu". El demonio asno, el chisme; el carnero, el ego falso, y una serpiente con la boca abierta, de la que se desprenden dos grandes colmillos que dan entrada a una cueva, que recrea el "veneno de los humanos".
Es una experiencia nueva e increíble. Es impactante la manera en cómo ellos viven, se relacionan unos con otros y siguen estableciendo conexiones con el cosmos. Me gusta que no cierran o deniegan el acceso a nadie, todos pueden entrar, todos son bienvenidos. Es un lugar hermoso y diferente que permite la reflexión frente a cómo estamos viviendo, de qué nos jactamos y lo que realmente necesitamos para ser felices.
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